Comer, a veces, es un acto político

La alimentación traspasa los límites propiamente dichos de nutrición o salud para convertirse en un acto político. Ya en este blog, con ayuda de Eduardo Galeano, se quiso descubrir qué pasaría “si la política fuese cocina” pero más allá de estas metáforas, la historia y los hechos nos han demostrado la relación íntima entre nutrición y conflictos o lucha política.

Parece evidente que el problema del hambre es una de las lacras del sistema en el que nos ha tocado vivir. A nivel global, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cerca de un 12,5% de la población mundial, es decir, casi 870 millones de personas se encuentran en situación de hambruna. Normalmente, en nuestro país hemos tenido la imagen de que el hambre sólo llegaba a niños africanos desnutridos, esas imágenes impactantes por las que algunas ongs tanto han buscado su hueco para llegar al “corazoncito” de miles de españoles.

El porqué de las 5 comidas al día: Apetito, glucemia, lipemia y saciedad.

Si nuestro organismo fuese perfecto, y nuestra ingesta de alimentos se limitara exclusivamente a la obtención de la energía gastada, no habría problemas de sobrepeso, la gente no comería en exceso y gran parte de los problemas de los problemas de salud que hay en el Norte no existirían. Pero nuestras conductas se escapan a la norma, y afortunadamente, los alimentos nos producen placer al comerlos, mediante una respuesta de refuerzo hedónico (cuyos mediadores son los mismos que en la adicción a las drogas), el cuerpo permite garantizarse un aporte decente de comida gracias a las “palmaditas en la espalda” que nos aportan la Insulina y la Leptina.

Relacionando un poquito la fisiología, y en especial los conceptos de “glucemia”, “lipemia”, “saciedad” y “apetito” se puede dar una justificación lógica a por qué se recomienda tomar 5 comidas al día.

Muertes por un trigo imaginario. La especulación que asesina

A nivel ciudadano podríamos preguntar cuáles son las causas del hambre en el mundo, escucharíamos respuestas como “sequías”, “desaparición de tierras de cultivo”, “biocombustibles” e incluso algún despistado podría hablar de superpoblación, o de que no hay suficiente comida para todos ¿seguro?. Algunos de estos asuntos analizados localmente permiten agudizar los efectos de la actual crisis alimentaria, pero no seríamos justos si los declaramos “culpables”, especialmente si hoy en día tenemos una cruel mano que mece la cuna de todo este teatro.

A algunos les sonará a carnaza conspiranoica, pero los datos están ahí, (ahí delante no, porque los medios de comunicación callan con su complicidad). Los números de Wall Street están manchados de sangre, tras la explosión de la crisis financieta la onda expansiva ha golpeado a las personas más vulnerables que no son más que números para estos desaprensivos tiburones (De acuerdo con el Banco Mundial, en 2010-11 el aumento del precio de los alimentos llevó a cerca de 70 millones de personas a la pobreza extrema). Imprescindible el artículo “How Goldman Sachs Created the Food Crisis “. No es el turno de nuestra vivienda, en esta ocasión el atraco llega a nuestra comida, ahora es otro negocio, el negocio del hambre.

Todo basado en un principio básico y lógico, y es que la comida nunca será prescindible y no podemos escapar al comer. Además enfocado en la prespectiva de que el aumento de los ingresos de países como China, India y otros emergentes desembocaría en un mayor poder adquisitivo y con ello un aumento en la cantidad-calidad de consumo alimentario.