Genes y obesidad

De herencia: una obesidad genética

Genes y obesidadProbablemente la relación entre genes y nutrición sea uno de los temas que más posibilidades de futuro presentan, es imposible abarcar la cantidad de interrelaciones que hay entre nuestra programación genética y la alimentación. Estos fenómenos se dan en una doble dirección: la Nutrigenética (¿cómo influyen nuestros genes en la respuesta que tenemos frente a los alimentos?) y la Nutrigenómica (¿cómo influyen los alimentos en la expresión de nuestros genes?).

Las frases “esto a mí me engorda”, “tengo un amigo que come lo que quiere y no gana peso”, “me es imposible adelgazar”… aunque no son ciertas es sí mismas, tienen en ocasiones mucho fundamento, porque ninguna persona responde de la misma manera ni a un alimento (ni a un fármaco, ni a nada).

Y es que en este caso, la obesidad es una enfermedad en la que se juntan factores ambientales (lo que comemos, nuestro gasto energético…) y factores genéticos. Para desarrollar un fenotipo obeso, es necesaria una sinergia entre estos pilares.
NADIE ES INMUNE A LA OBESIDAD, Y TAMPOCO SE ESTÁ CONDENADO A PADECERLA. Al fin y al cabo vendrá determinada por un balance energético. No puedes engordar si comes menos energía de la que gastas (pura termodinámica) pero sí puedes almacenar más cantidad de energía que otra persona con un mismo alimento. Todo por predisposición genética.

Si la política fuese cocina…

Han pasado ya tres semanas del único ejercicio de democracia que tenemos los ciudadanos cada 4 años (si es que no se da el caso de unas anticipadas), ese acto que Eduardo Galeano años atrás comparó a una asamblea convocada por un cocinero en la que las aves decidían con qué salsa querían ser cocinadas.
En las elecciones todas nosotras, las aves: los faisanes, los gansos, las gallinas, los pavos… nos vamos a una urna con unos sobres rellenos con el nombre de la salsa con la que queremos ser cocinadas. También hay aves que se niegan a elegir salsa, están en su derecho, a otras les da igual o simplemente indican “chorizo” en el sobre.

En la carta…
-Hay salsas azules, que están congeladas mucho tiempo en el frigo, que saben un poco rancio porque no siguieron los consejos de congelación, cuando los comensales piden salsa azul saben que la comida les va a amargar, pero han escuchado por la tele que es sano pedirla cada cierto tiempo.
-Existen salsas rojas que no recuerdan de qué ingredientes están hechas, muchas veces confunden pimiento, tomate y ñora y al final no sabemos de qué está hecha. En realidad la receta parece ser que la perdieron y la están buscando todavía.
-También hay salsa rosa, la receta es sencilla, mezcla proporciones a partes casi iguales para que guste a unas y a otras, de esa manera intenta dejar contento a todo el mundo. Pero en paladares exigentes puede quedar como una opción un poco mediocre.
Hay salsas rojo-verdosas, o salsas negriblancas, que molestan a la gran mayoría de los comensales porque tienen un sabor muy intenso, incluso innovan con algunos ingredientes poco comunes. Eso hace que haya muchas aves que no se atrevan con ellas porque no las ven “útiles”.
-Otra opción es elegir una receta típica regional, son salsas que podemos encontrar únicamente en algunas comunidades. Los comensales más arraigados las defienden como seña de identidad, a los que les resultan picantes quieren prohibirlas en los bares.

Huevo

La rumorología del huevo crudo: invasión de claras en los gimnasios.

HuevoNo hay cosa más fácil para la proliferación de rumorología que las ganas de resultados rápidos, desconocimiento científico y y un ritual curioso. Probablemente recurra a un tópico muy grande, pero los gimnasios (especialmente aquellas salas de musculación) son una placa de Petri de chorradas pseudocientíficas.

Ha estado bastante extendido con el repunte mediático de la cultura de la musculación (parece que empieza a remitir) la costumbre por muchos individuos de gimnasio o deportistas de consumir huevos crudos. Es una cosa que nunca he llegado a entender, porque no le encuentro ningún interés económico detrás. Si aún fuesen proteínas en polvo, batidos hiperproteicos y demás productos sacacuartos… pues sabes que detrás hay una compañía que quiere vender una forma de vaciar tus bolsillos y de regalo sobrecarga renal, hepática y de paso desequilibra aún más una dieta occidentalizada; hay un marketing detrás de estas cosas, (esto da para otra noticia, voy a dejarlo aparcado) ¿Pero un huevo crudo? ¿Por qué?

Inexplicable, quizás en un pico de testosterona o una mala inyección de Winstrol a algún armario empotrado le dió por comerse un huevo crudo, entonces, por pura imitación, individuos de su alrededor verían causalidad donde sólo había correlación y ¡pum! huevo crudo al canto.

Puede que alguien esté pensando “a lo mejor en el huevo crudo hay algo que se pierde si lo cocinas”. Pues sí, lo hay, pero no deja de añadir al carro de la evidencia más razones sobre esta disparatada conducta. Son las siguientes: